Dock Sud, trabajan para darle un mejor futuro al barrio.
Le 17-11-2003 à 14:55
 
Guillermo Parisi y Antonio Antolino tiene más de 70 años y participan en centros barriales.

La casa tiene un frente inglés de madera. Y un jardín donde conviven el laurel, la estrella federal y el ciruelo. Bajo la parra, que en verano se llena de uvas, dos hombres comparten mate y recuerdos que podrían resumirse en un solo nombre: "el Docke".

Guillermo Parisi, de 72 años, y Antonio Antolino, de 74, nacieron en Dock Sud y siempre colaboraron - y lo siguen haciendo - con instituciones barriales. Ellos se entusiasman contando la historia de, como dicen, "su lugar en el mundo". "Hace más de un siglo esto era un bañado. La ciudad nació como tal el 11 de noviembre de 1889, cuando la empresa del español Juan Angulo firmó un contrato para la construcción del Canal Dock Sud", explica Antolino, con tres hijos y seis nietos, e integrante de la sociedad de fomento Dock Sud.

De todos modos, el pueblo comenzó a crecer en 1910. En ese momento se habilita la primera sección del Canal. Así empiezan a radicarse las nuevas industrias y se instala la usina de la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad. "Nuestros padres inmigrantes levantaron este lugar. Aquí habían sólo quintas y casas de madera y chapa. Todos veraneábamos en la costa de Sarandí, que era un paraíso. Los pibes les robábamos fruta a los quinteros y nuestros mayores compraban el vino de uva chinche que se hacía en la zona", recuerda Parisi, integrante de la sociedad de fomento Florentino Ameghino.

Los relatos se suceden. Ambos vecinos afirman que Dock Sud creció junto con los astilleros que, como la usina, eran fuentes de trabajo para inmigrantes de distintos países. Así llegaron ucranianos, italianos, españoles, yugoslavós, alemanes y rusos, entre otros. Todas comunidades de humildes trabajadores que arribaban con la esperanza de progreso como único equipaje. "En esa época abrías la puerta de un conventillo y te encontrabas con un tallercito", describe Parísi, quien fue lechero y obrero en las barracas.

Pero no todo es historia para ellos. "Los vecinos tenemos que elaborar propuestas. No esperar que nos resuelvan las cosas. Vamos a organizar una reunión para celebrar los 114 años con ideas", dice Antolino y enumera los temas a tratar: la contaminación ambiental, el Polo petroquímico, el tránsito de camiones que producen rajaduras en las casas, el hacinamiento de muchos de los 45 mil habitantes que tiene la localidad, la falta de un hospital público...

"Somos dos enamorados del Docke, pero no todo es nostalgia. Queremos poder mirar hacia el porvenir", dicen. Mientras la luz del mediodiía juega con las tonalidades del jardín. En un domingo como los de antes.